lunes, 5 de enero de 2009

Como navajas suizas

Hace unas semanas, en televisión (ese paralelogramo que rebosa espontáneas perlas de sabiduría) me encuentro un reportaje sobre "nuestro amigo, el móvil". Nada más lejos de mi intención que ser un quisquilloso malpensado y asociar la pertinencia del reportaje con la proximidad de las fechas navideñas, pero un cierto resquemor me invadió y me puso en guardia frente al contenido.

Pues bien, en el susodicho reportaje, entre panegírico y panegírico al móvil un "experto" (de estos expertos que se sacan el título de "experto" para luego salir por la tele diciendo: "¡ojo, que soy experto!") con tono engolado a la par que sofisticado nos alumbraba:

- Ejem... Y hay quien dice que el móvil es la navaja suiza del siglo XXI.

Dejemos por el momento aparte el suspenso del "experto" por la chapuza bibliográfica. Centrémonos en el concepto: móvil = navaja suiza.

A primera vista parece apropiado equiparar ambos objetos; ambos son aquello que llevamos encima para sacarnos de un apuro, son un objeto pequeño que contiene varias herramientas que nos pueden resultar útiles...
No obstante, practiquemos durante breves instantes esa oscura y ardua disciplina que es el reflexionar sobre lo que escuchamos. Veamos... ¿de verdad un móvil responde a las mismas necesidades que una navaja suiza? ¿La gente lleva un móvil por los mismos motivos que se llevaba antes una navaja suiza? La respuesta salta a la vista: sí. Porque es obvio que:

- Si te habías comprado una navaja suiza hacía 2 años, era hora de comprar otra navaja suiza más moderna porque tu modelo de navaja suiza estaba obsoleto y nada más sacar tu navaja suiza los demás se iban a burlar de ti, profiriendo comentarios hirientes tales como: "¡Vaya ladrillo de navaja suiza que te gastas, macho!".

- Para molar más, había que "personalizar" tu navaja suiza con un montón de chuminadas que podías encargar por la tele. Si no, tus colegas te iban a apabullar con los últimos accesorios imprescindibles para la navaja suiza de los que tú carecías.

- El precio de una navaja suiza estándar oscilaba entre 120€ y 300€. Había navajas suizas que eran lo último, tenían un logo resultón, el diseño más "cool" del mundo y llegaban a alcanzar los 1500€. La gente pagaba las navajas suizas a plazos, claro.

- Podías endulzar el viaje en metro o en bus a desconocidos, emitiendo agradables sonidos a todo volumen con tu navaja suiza cuando viajabas en transporte público.

- "Por favor, ponle el seguro a tu navaja suiza", era una frase que se emitía en el cine, antes de comenzar la película. No estaba bien visto salir de reuniones o clases para juguetear en el pasillo con la navaja suiza porque "era importante".

- Cuando ibas a una entrevista de trabajo, si no incluías en el currículum que tenías navaja suiza, el entrevistador se asombraba ante un hecho tan extraordinario: no tener una navaja suiza casi se consideraba propio de indigentes.

- Cada vez que usabas una navaja suiza, había empresas que te cobraban por ello y te pasaban una factura a fin de mes, más abultada cuanto más habías hecho el gilipollas con la navaja suiza.

- Las chicas en los vestuarios de las piscinas se cambiaban de ropa inquietas, no fuera que algún malevolente con una navaja suiza les tirase una foto de matute.

- Dormías con la navaja suiza al lado de la cama, por si a alguien le daba por pedirte que usases tu navaja suiza a las 2:00 a.m. y no la tenías cerca.

- Aún así, esta práctica no era recomendada por los médicos, ya que el uso prolongado de la navaja suiza podía provocarte un tumor cerebral o genital (a cuál peor).

- ¿Tu hijo de 8 años?, resultaba imprescindible que tuviese una navaja suiza encima en todo momento.

- La navaja suiza redujo drásticamente nuestra capacidad memorística, ya que una vez tuvimos navaja suiza dejamos de memorizar datos y números de teléfono: los grabábamos en la navaja.

Y en nuestros días:

- El móvil te sirve para descorchar una botella, abrir una barra de pan, apretar un tornillo, cortarte las uñas... lo mismito, lo mismito que una navaja suiza. De ahí que el móvil haya desplazado a la navaja suiza del mercado y la haya convertido en un producto obsoleto.

Luego ya sabéis, seguid tanto mi consejo como el consejo del experto y antes de regalar un móvil, pensad: ¿se me habría ocurrido regalarle a esta persona una navaja suiza? Si la respuesta es "sí", adelante. Si por algún peregrino motivo, no habíais caído en un regalo tan útil e indispensable, prescindid de "la navaja suiza de nuestros días" y regalad un libro, que no muerden ni molestan a la parroquia cuando son usados (bueno, excepto a la Iglesia y los políticos, pero eso es otra historia).

No hay comentarios:

Publicar un comentario